Mi Padre y vuestro Padre

Jesús, el Hijo del Padre

Los cuatro evangelios presentan numerosas palabras de Jesús. Palabras para sanar, para perdonar, para iluminar nuestras vidas, para mostrarnos a Dios y su amor.

“¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” (Juan 7:46), dijeron los guardias que fueron a arrestar a Jesús. Le oyeron hablar y quedaron sorprendidos. Reconocieron que Jesús no era como los demás, que era único.

¿En qué es único Jesús? En sus palabras, en sus actos, en su persona. Efectivamente, Jesús habla de Dios como su “Padre”. Esto es algo sin precedente entre aquellos que hablaron en el nombre de Dios en el Antiguo Testamento. Sin embargo, Jesús no da explicaciones, simplemente dice que Dios es su Padre. Hace un paralelo entre el Padre y el Hijo. Jesús no es solo un hombre, por importante que sea, ¡es el Hijo de Dios!

¿Ha reflexionado usted en estas palabras de Jesús: “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre”? Los habitantes de Nazaret creían saber quién era Jesús: “¿No es este el carpintero…?” (Marcos 6:3), exclamaron sorprendidos por su enseñanza. En realidad no habían comprendido quién era ese carpintero.

Solo aquellos que creen en Jesús le conocen, no tanto en la profundidad de su persona –misterio conocido solo por Dios–, sino como su Salvador, su libertador y su amigo. Ellos pueden decir, como el discípulo Tomás al encontrarse con Jesús resucitado: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28).

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