Una verdad, la verdad

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Dos amigas conversaban sobre la religión. Criada en un medio ateo, Eva no creía en Dios. Nacida en una familia cristiana, Marina creía firmemente en Jesús. La conclusión de Eva fue: «Tú crees porque naciste en ese ambiente. Si, por ejemplo, hubieses nacido en un medio musulmán, estarías convencida de que el Islam es la verdad».

Era obvio que Eva y Marina estaban bajo la influencia del entorno en el cual habían nacido.

Pero la pregunta subsiste: «¿Existe o no existe Dios?». La verdad no depende del entorno donde nací, de otra manera no sería la verdad.

Solo hay una única verdad, y esta verdad “está en Jesús” (Efesios 4:21). “El Hijo de Dios ha venido… Este es el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Juan 5:20).

Hombres y mujeres de todos los orígenes han buscado la verdad y se han inclinado ante la revelación bíblica. En Jesús han reconocido “el camino, y la verdad, y la vida”. La verdad de Dios se refleja de manera exacta en la vida de Jesús, quien vino del cielo. Hombre perfecto, él era Dios. Muerto en la cruz, resucitó. Ascendió al cielo y ahora está a la diestra de Dios. Quien cree en él conoce el camino, la verdad y la vida que nos ponen en relación con Dios y nos llevan a conocer al Padre.

No se trata de nacer «en» o «fuera» de un contexto específico, sino de buscar la verdad y obrar en consecuencia. ¡Creamos la verdad!

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