Un reflejo de Jesús

Aquella mañana Jerónimo iba con retraso a tomar el tren; atravesó la estación corriendo. En el andén empujó a un niño que tenía en la mano un puzzle nuevo, y las piezas se dispersaron por el suelo. Cuando Jerónimo vio al niño llorando, tuvo un momento de duda, pero luego lo ayudó a recoger las piezas. El niño lo observaba detenidamente. Cuando hubieron juntado todas las piezas, el niño, con cierto temor, le preguntó dubitativo: Señor, ¿tú eres Jesús?

En ese instante Jerónimo tomó conciencia de que ese pequeño incidente, que le había hecho perder el tren, al final le había permitido ser como un reflejo de Jesús.

Amigos cristianos, nosotros también debemos tratar de imitar a nuestro Señor cada día. Ser un testigo de Jesucristo no es solo hablar de él y pretender hacer grandes cosas en su nombre. Es, sobre todo, reflejar en nuestra vida los caracteres de Jesús: justicia, bondad, humildad y compasión. Él mismo nos dice: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29). Como él, dediquemos tiempo a los pequeños para tranquilizarlos, consolarlos y darles a conocer el amor de Jesús. ¡Imitemos a nuestro Maestro, quien nos dice: “Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños”! (Mateo 18:10).

“El deseo de los justos es solamente el bien” (Proverbios 11:23).

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