La segunda vida de los móviles

La forma de utilizar el móvil, para muchos usuarios una extensión más del propio ­organismo casi durante las 24 horas del día, en casa, en la calle, el trabajo o los lugares de ocio, provoca que cada vez se ­rompan más dispositivos de forma accidental por caídas, todo tipo de negligencias o por el propio uso, como pasa con las baterías o los ­botones. El precio de los smartphones, privativo según en qué modelos, y las dificultades de las compañías para seguir mejorando prestaciones a cada nueva versión, hacen que los usuarios se esfuercen más para dar una segunda vida a su móvil roto y prolongar los años de uso, también cuando la garantía ya no cubre los daños.

 

 

“El mercado de venta de móviles se ha ralentizado desde el 2016. ­Cada vez cambiamos menos de smartphone, la media está ahora en los dos años de vida”, explica ­Javier Rosa Arellano, mánager de posvenda de Phonehouse, la empresa que más móviles está re­parando actualmente en España: casi medio millón de dispositivos arreglados al año. “Los móviles son c ada vez más caros y la dependencia del teléfono es más alta, por lo que cada vez se reparan más”, explica Artur Guerrero, fundador de AIP Barcelona, empresa informática que se ha especializado en la formación de técnicos para arreglar móviles.

La rotura de la pantalla y el móvil mojado –en el baño, la piscina o regado sobre la mesa del restaurante– son algunas de las averías más comunes. A mayor número de dispositivos rotos y más preciados, más demanda y también más oferta para repararlos. Muchos móviles acaban teniendo una segunda e incluso tercera vida, cuando antes acababan desechados a las primeras de cambio.

Las claves del éxito: servicios acreditados, técnicos formados y exigir que se usen sólo piezas originales

Los usuarios quieren alarga la ­vida de sus smartphones, pero no es sencillo encontrar técnicos bien formados, servicios con plenas ­garantías más allá de los oficiales; saber qué daños son fácilmente ­reparables y cuáles no, o el precio justo de una reparación sin miedo a ser engañados.

 

 

“Empecé a reparar móviles hace tres años y medio como autónomo. Cada vez la demanda es más bestia”, constata Guerrero. Los cursos de formación están repletos y no se da abasto. “No paramos durante todo el año”, añade. El perfil de los que quieren aprender a arreglar un móvil es diverso, desde empresas que quieren formar a doscientos empleados para mejorar la atención en tiendas de reparación multimarcas a profesionales liberales que abren una tienda de barrio por cuenta propia o montan una ­pequeña empresa para arreglar dispositivos.

Eduardo Estrada fundó Doctor Móviles, con sede en Barcelona, cuatro años atrás. En este tiempo ha visto cómo cambiaban los há­bitos de consumo y cómo ha ido creciendo la demanda. “Empezamos liberando móviles, ahora los reparamos, hay volumen de trabajo: cada día recibimos entre 15 y 20 teléfonos estropeados. En los dos últimos años han aparecido muchísimos talleres de reparación”, constata Estrada.

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha elaborado un listado con los mejores establecimientos de reparación para intentar guiar la creciente demanda. “Doctor Móviles fue calificado con una valoración de 5 estrellas como el mejor establecimiento de Barcelona y segundo en España”, explican en su web.

Móviles que madres y padres dejan en manos de niños e incluso bebés explican también el alud de dispositivos rotos. También el mayor tiempo de uso en todo tipo de situaciones. “Lo más habitual es el cambio de pantalla”, añade Estrada.

 

 

 

Pantalla rota, batería, botones o la caída al agua son las averías más comunes que se subsanan con éxito

No es fácil moverse en el complejo mundo de los móviles averiados y las reparaciones cuando se va más allá de los servicios oficiales y los daños incluidos en la garantías. Las preguntas y las dudas más habituales se multiplican casi al mismo ritmo, frenético, de accidentes y negligencias, con móviles precipitados al suelo, mojados o cubiertos de arena. ¿Dónde y a quién recurrir en cada tipo de avería? ¿Son fiables los ­pequeños talleres? ¿Qué riesgos entraña dejar algo tan preciado en manos de presuntos especialistas sin formación ni acre­ditación? ¿Las piezas dañadas son reemplazadas siempre por las originales? La respuesta es en muchos casos preocupante. “Para abaratar el coste de la reparación hay tiendas que utilizan piezas de otras marcas o extraen ­piezas que están en buen estado para sustituirlas por otras más baratas”, alerta Guerrero.

“En muchos casos se repara mal. Siguen proliferando las tiendas con supuestos técnicos que no tienen ninguna formación; los usuarios acaban sufriendo muchos problemas porque los procesos no han sido testados y se utilizan materiales y compo­nentes que no son los originales”, avisa Javier Rosa. Los expertos coinciden en algunas recomendaciones básicas, como recurrir siempre a servicios acreditados, técnicos formados y exigir siempre que se reemplacen las partes dañadas por piezas originales.

 

 

Tecnológicamente los cambios entre una versión y la nueva son cada vez menos significativos. El usuario se lo piensa mucho más ahora antes de cambiar su móvil. “El precio influye to­talmente, a móviles más caros la gente busca soluciones cuando se le avería o daña”, destaca el jefe de posventa de Phonehouse. “Los primeros iPhones tenían un precio sobre los 500 dólares, que se ha duplicado y casi triplicado en función de la versión”, subraya Guerrero.

El móvil se ha erigido en uno de los objetos personales más preciados, comparable según los ­expertos a lo que sucedía en la era analógica con otros productos de gran consumo, como el coche. “La dependencia es muy grande, no podemos estar sin el móvil, muchos clientes preferirían ­quedarse sin su coche que sin su smartphone”, constata Rosa Arellano. “Si no dejaríamos nuestro coche a alguien sin formación, sin las piezas originales para repararlo, ¿por qué sí lo hacemos con algo que valoramos tanto como el teléfono?”, insiste Guerrero.

El adiós progresivo al usar y ­tirar a la primera avería o daño importante coincide con las de­cisiones estratégicas de varias de las compañías que lideran el mercado de fabricación de smartphones para retrasar su obsolescencia. Parte de los esfuerzos se dedican a diseñar en algunas marcas modelos más resistentes a los golpes, las caídas o el agua. “Apple ha incorporado una resina que protege en el interior la placa, el cerebro del móvil, para que sea más resistente al agua, aunque no son sumergibles”, dice Guerrero.

 

 

Aunque los grandes fabricantes, como Apple o Samsung, no hacen públicos datos acerca del número de móviles reparados el último año por sus servicios técnicos, las cifras siguen creciendo. La tendencia es que la demanda vaya al alza y los dispositivos prolonguen sus años de vida.

Dichosa nube

Más allá del precio de compra del smartphone, el valor que cada usuario da a su teléfono móvil depende en buena medida de la cantidad de información almacenada en su dispositivo, sean imágenes personales (fotos y vídeos), todo tipo de datos e informaciones o la agenda de contactos. Son los intangibles del móvil, objeto tecnológico personal e intransferible. Si el dispositivo se usa cada vez más, se incrementa la cantidad de datos guardados, lo que ha disparado el valor no cuantificable que otorga cada usuario a su móvil. “Recuperamos sus datos; disponemos de herramientas innova­doras para recuperar los que creía perdidos”, promete una de las empresas más reputadas en la reparación de smartphones. “Uno de mis clientes vino desesperado porque creía que había perdido todas las fotos y vídeos de su viaje de boda”, explica Artur Guerrero, formador de reparadores de móviles. “Poder recuperar una información como ésta no tiene precio”, añade. La cosa acabó bien, recuerda. Han aparecido empresas especializadas en recuperar los datos de los móviles dañados e irrepa­rables, dispositivos que no volverán a funcionar. Una operación relativamente sencilla, aunque con un coste económico, garantiza al usuario poder recuperar siempre que se desee toda la información de un smartphone. Se trata de las copias de seguridad que se suben periódicamente y de forma au­tomática a la nube. Los sistemas operativas más comunes, sean Android o iOS (Apple), ofrecen múltiples servicios de almacenaje a precios diversos.

 

 

La cantidad de datos a almacenar y guardar en las copias de seguridad marca el precio del servicio; se puede compartir entre dispositivos y familiares, si es el caso, las cuotas que habitualmente son tarifas planas mensuales que cambian en función de la cantidad de datos a guardar: número de gigas. Si se dispone de copia de segu­ridad, en caso de no poder recuperar el móvil por daño irreparable, toda la información se transfiere sin problemas a un nuevo dispositivo. “El problema es que muchos usuarios no están preparados para gestionar las copias de seguridad en la nube”, dice Guerrero. Muchos desconocen estos servicios o no les dan ninguna importancia hasta que se les rompe su móvil, lo pierden o sufren un hurto. “Lo que estés dispuesto a pagar por mantener siempre actualizada tu copia de seguridad depende de la importancia que des a la información que guardas en tu dispo­sitivo día a día”, resume un experto en sistemas informáticos. Usuarios con miles de contactos en su agenda o datos de enorme valor guardados en su smartphone no dudan en contratar servicios de almacenaje en la nube. También se pueden realizar las copias de seguridad en otros dispositivos, como es el caso del disco duro de un ordenador personal. En este caso no implica ningún coste de mantenimiento, como sí sucede con las copias en la nube, pero la garantía es limitada: si se daña el disco duro, se pierde también la información, sean fotos, vídeos o 5.000 contactos.

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