Juan Martin Del Potro a la final de Grand Slam.

El tandilense se imponía por 7-6 (7-3) y 6-2 y el español dijo basta por los dolores en la rodilla. Ahora espera por el ganador del partido entre Djokovic y Nishikori.

Juan Martín Del Potro se reinventó a sí mismo una y mil veces, y esta vez reinventó uno de sus mejores capítulos: meterse en la final del Abierto de los Estados Unidos, tal como hizo en 2009. Lo logró al vencer a Rafael Nadal, que debió abandonar a causa de molestias en la rodilla derecha que lo habían obligado a ser atendido durante el juego.

El partido, por entonces, iba 7-6 (3) y 6-2 para el argentino. Ahora, Delpo espera el resultado de la otra semifinal, que disputarán por la noche el japonés Kei Nishikori y el serbio Novak Djokovic.

En el primer set, la paridad fue grande, tal como podía esperarse entre un número 1 y un número 3 del mundo. Aunque no hubo un tenis de altísimo vuelo, como también podía imaginarse. Sí, en cambio, hubo emociones tempranas. Porque intercambiaron quiebres en los primeros dos juegos de saque y repitieron la escena sobre el final.

Aunque al argentino le costó sudor: rompió el servicio rival para quedar 5-4 y tuvo dos oportunidades de ganar el set, pero las desaprovechó, Nadal se repuso para quebrar y todo terminó en el tie-break. Delpo, de todos modos, no dejó que las chances perdidas hicieran mella en su actitud, y se quedó con el set ganando 7-3.

Nadal no fue el mismo en el segundo set. Su rodilla derecha comenzó a molestarle y su estirpe de incansable luchador no fue el mismo de siempre. Ese competidor feroz, que no deja pelota sin buscar, empezó a ver impactos rivales pasar limpios pese a picar a una distancia en otros contextos alcanzable para sus enormes condiciones físicas.

Al margen de ello, su espíritu deportivo y sus ansias de más lo hicieron batallar hasta donde pudo. Hidalgamente, terminó el set, y recién con el 2-6 estampado en el marcador se acercó a su silla, comenzó a recoger sus raquetas, guardarlas en el bolso y estrechar la mano del umpire antes de saludar a Del Potro y explicarle brevemente lo que le estaba pasando.

Así, el tandilense se metió en su segunda final de Grand Slam, luego de aquella histórica que en 2009 lo consagrara ante Roger Federer. Ese año, en que fue campeón, también había eliminado en la semifinal al manacorí. Y esta vez se tomó revancha de la misma instancia del año pasado, en la que Rafa lo había dejado afuera.

Con un tenis de altísimo vuelo durante las dos semanas, Del Potro ahora llegará con más tiempo que Nishikori o Djokovic al partido del domingo y encima, con un desgaste menor, ya que sólo jugó dos horas. Una vez allí, buscará una vez más la épica. Justo él, que tan acostumbrado a ella está.

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