Las manifestaciones públicas

En varios países la gente no duda en hacer manifestaciones públicas, pero hay muchas causas por las que nadie sale a protestar en las calles. ¿Qué decimos, por ejemplo, de millones de personas que tienen hambre? ¿De los niños que son víctimas de malos tratos? ¿De los 40 millones de seres humanos que son matados cada año en el mundo antes de nacer? ¿Nadie dice nada de esos jóvenes que mueren en las carreteras al salir de una discoteca? ¿Y de los adulterios que destruyen a las familias? ¡Muy a menudo reina el silencio con respecto a estos temas!

¡Pero todavía hay más! La Biblia nos muestra la gravedad del pecado del hombre que dio las espaldas a su Creador, lo que produjo todo este mal en la tierra. ¿Estuvo usted atento a la predicación del Evangelio, que llama a los hombres y mujeres a volverse a Dios?

Y es más, ¿cómo podemos ser sensibles a los peligros presentes y no preocuparnos por lo que nos sucederá cuando tengamos que rendir cuentas de nuestra vida a Dios? Hoy tenemos que solucionar este asunto tomando una decisión personal. ¡Dios no se conforma con advertirnos, sino que nos ofrece la única forma de ser salvos! No se trata de hacer una manifestación de mucha gente para pedir una reforma social. ¡No! Dios pide primeramente a cada uno de nosotros que nos arrepintamos, que reconozcamos sinceramente que no valemos más que los demás, que reconozcamos realmente nuestro alejamiento de Dios y que confiemos en Jesucristo, quien vino a la tierra para salvarnos.

¡Preocupémonos por esto ahora mismo!

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