La moral de la mayoría

Un filósofo de principios del siglo 20 definió la moral como «aquello que agrada a la mayoría». Solzhenitsyn, el célebre luchador ruso por la libertad, se indignó por una concepción de este tipo: «En estas condiciones, escribe, el mal puede volverse bien si consigue la mayoría de los votos y el bien convertirse en mal si es minoritario».

El descuido de la moralidad que vivimos es una consecuencia de esta forma de ver, que deja la puerta abierta a los peores excesos. Niega toda verdadera distinción entre el mal y el bien y enmudece la conciencia natural.

La Palabra de Dios no deja ninguna duda sobre lo que espera a una humanidad que rechaza todo lo que tiene que ver con Dios. La Biblia nos dice que en los últimos tiempos los hombres serán egoístas, orgullosos, sin afecto natural, sin respeto a los valores morales (2 Timoteo 3:2; Judas 18). También menciona el fuego del cielo que cayó sobre Sodoma, para anunciar el juicio que caerá sobre los que se hacen culpables al menospreciar las instrucciones divinas (Judas 7).

Esta pretensión de la mayoría a dictar la moral nos recuerda que el camino que conduce al juicio es ancho y espacioso y que muchos son los que van por él. ¿Usted quiere seguir a esta multitud? ¡Busque más bien el camino que conduce a la vida! Solo hay uno, es decir, Jesucristo, quien nos dice: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo” (Juan 10:9). “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

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