Cómo lograr que tu economía personal sea ordenada

Guía exprés
  1. Llevar un control de los gastos: Antes de ahorrar e invertir, es bueno analizar por dónde se va el dinero, de qué ítems se puede prescindir o cuáles modificar. Como toda planificación, siempre comienza con un diagnóstico profundo y sincero de la situación actual.
  1. Establecer una meta de ahorro: Hay que incorporar el hábito de ahorrar todos los meses. Y mantenerlo en el tiempo. Si bien debe ser un monto significativo o exigente, tampoco conviene fijar un valor difícil de sostener. No debería ser un sufrimiento, ya que cada peso que se economiza implica dar un paso más que acerque al objetivo final. Dado que la verdadera meta, al invertir, es incrementar el patrimonio en el tiempo, hay que concientizarse de que es un plan que nunca se abandona.
  2. Invertir el dinero ahorrado: No sirve acumular sin invertir. La mejor manera es seleccionar entre tres y 5 instrumentos que se ajusten al conocimiento, objetivo y riesgo; y, todos los meses, diversificar un poco de dinero en cada uno. Por ejemplo, se puede elegir, plazo fijo, fondos comunes de inversión, acciones, oro y bonos. Lo más importante es tener presente que, para hacer crecer el capital, se necesita más tiempo que dinero. Es, por ende, un proceso largo.
  3. Buscar inversiones rentables: Para todo inversor, un porcentaje considerable siempre debe destinarse al mercado de capitales y, en especial, una mayor proporción en bonos antes que en acciones. Históricamente, la Bolsa le ganó a la inflación, al dólar y al plazo fijo. Por ese motivo, para quienes buscan incrementar su patrimonio a largo plazo es clave elegir instrumentos que potencialmente generarían tasas reales positivas. En estos casos hay que asesorarse para no equivocarse, pero un criterio básico es mirar a la renta fija (bonos) y la renta variable (acciones) como instrumentos que no pueden faltar. La forma más fácil de acceder a una cartera administrada por profesionales son los fondos comunes de inversión, en donde todos los meses –con muy poco dinero– se puede comprar un porcentaje de distintos fondos.
  4. Aprovechar las ventajas impositivas: Muchos inversores –y consumidores– no analizan la carga impositiva de cada bien o servicio que adquieren. El caso típico es la compra de una casa: se pagan cargas de entrada, de salida y durante el tiempo que el bien está en el patrimonio. Lo mismo sucede con un vehículo y otros que generan gastos asociados. En el caso de los títulos públicos, se encuentran exentos del impuesto a los Bienes Personales y actualmente están rindiendo arriba del 8 por ciento anual en dólares, una tasa que supera –por lejos– el rendimiento de un departamento.

 

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