Atlético de Madrid se consagra campeón de la Europa League al golear 3-0 al Marsella

Que el Atlético de Madrid es el equipo que mejor explota los fallos del rival es un axioma tan cierto como que Simeone es lo mejor que la ha pasado a este club desde que Juan Elorduy no pudo comprar camisetas de Blackburn en Southampton y se tuvo que volver con las rojiblancas que ustedes ya saben. Monumento ya a este equipo. Sin peros. El Atlético de Madrid levantó su tercera Europa League, el sexto título en siete años desde que el Cholo se hiciese cargo del equipo colchonero.

Que el equipo rojiblanco haya ganado un título en esta temporada tiene un mérito descomunal, casi épico. Sin poder fichar hasta enero, con una plantilla con cuatro y el de tambor a partir de enero con cuatro salidas que dejaron la plantilla en cuadro; con lesiones continuas durante toda la campaña; con un descalabro inesperado en Champions; con la fuerza de haberle peleado al Barça las opciones de título hasta no hace mucho… Con todo eso encima, este Atlético histórico, ejemplo de entrega, de coraje y de corazón, se alzó con el título en Lyon.

Un escenario donde pintaba a encerrona, con tres cuartos de estadio del Olympique de Marsella, un buen equipo los de Rudi García y una afición que parecía dispuesta a llevarse a casa la copa por lo deportivo o por lo criminal. Un gol de Gabi y antes dos goles de un Antoine Griezmann que se convirtió en el ejecutor que la afición colchonera esperaba, le valieron al Atlético su tercer trofeo continental de la Europa League. El francés demostró en Lyon, donde le cerraron las puertas del fútbol profesional, a apenas 70 kilómetros de su ciudad natal, que es uno de los mejores delanteros del planeta. Antoine se consagró, fue el héroe y el protagonista de la final, con dos goles como dos soles. Griezmann se hizo eterno en Lyon. Ya es historia del club colchonero. Ahora queda saber si desea ser leyenda de este club o sólo un buen jugador más que prefirió no pelear el mismo Lo había adelantado también Gabi antes del partido.

“El Atlético es el equipo que mejor sabe sufrir de Europa”. Y cuando tuvo que hacerlo, lo demostró. La escuadra colchonera no se descompuso en ningún momento, ni siquiera en los peores, cuando arreciaban las ocasiones. El Atlético es un depredador, el depredador más peligroso de Europa. Un cazador que te espera, te espera y te espera, que hace que te confíes. Y cuando ya te ves ganador de esta pelea, te asesta dos dentelladas que acaban contigo. Dimitri Payet lo había visto en la previa. Si el OM quería ganar la final tenía que ser efectivo. “El Atlético no concede muchas ocasiones, tendremos que marcar las que tengamos”. Sí, lo sabían.

El equipo Olympique de Marsella vio venir el tren que se le echaba encima y no fue capaz de apartarse. Salió el equipo francés que parecía que iba a comerse a los de Simeone pero se olvidó lo que su brújula le había marcado, la efectividad. A los tres minutos tuvieron la primera los de García. Payet condujo un contragolpe fugaz, con un pase filtrado para dejar solo a Germain ante Oblak. El delantero francés metió muy abajo el pie y el baló se fue alto cuando el Parc OL ya cantaba el primer tanto. Luego vinieron las de Sarr y Rami, el miedo en el cuerpo que metía Ocampos con sus fintas. El Atlético se veía sorprendido, maniatado en estos primeros minutos. La medular y la defensa marsellesa se contraían y ensanchaban como un solo cuerpo. Habían estudiado al Atlético y se notaba. Robaban rápido, tocaban como mucho a dos toques, los laterales siempre apoyando. Fácil y rápido… Andaba el Marsella confiado. Y recibió la dentellada.

La primera ocasión del Atlético, literal, primer gol. Una jugada calcada a muchas antes. Mandanda quiso sacar el balón jugado, se la pasó a Anguissa, que estaba de espaldas y éste realizó el que posiblemente sea peor control de la historia. Gabi le robó el balón y se la dejó a Griezmannn, solo ante el arquero marsellés. Sólo tuvo que girar la cadera, poner el interior del pie y batir al meta francés. Y ahí comenzó a ver el cuadro galo que lo que tenía en frente era un equipo finalista de la Champions en los últimos años, palabras mayores. Una plantilla diseñada para ganar la máxima competición continental que por accidente se encontraba en Lyon. Vamos, un rival de ‘otra liga’.

LESIÓN DE PAYET

Y los síntomas se convirtieron en enfermedad casi terminal cuando Payet, con lágrimas en los ojos, se retiró lesionado a la media hora de juego. El galvanizador del juego marsellés, la magia, el futbolista que podía darle algo diferente al cuadro provenzal, se rompía. La final se decantaba del lado colchonero. El Marsella se apagaba como una de las mil bengalas que los ultras de su equipo sacaron durante el partido. A falta de algo tangible, pirotecnia que siempre despista. La tercera estocada se la propinó el Atlético nada más comenzar la segunda parte.

Otra vez un fallo francés. ¡De un saque de banda propio de los franceses mal ejecutado! Recuperación inmediata del Atlético para que Saúl se la diese a Koke y éste, sin ni siquiera tener que mirar, se la filtrase a un Griezmann que llegaba en carrera. El galo la picó ante Mandanda y ahí se acabó todo. 0-2 García quemó todas sus naves a los 70 minutos. Sacó del campo a Germain, un delantero más móvil, y metió a Mitroglu, una torre helena, en busca de una segunda jugada, en busca de algo de peligro a balón parado. Y apunto estuvo de funcionarle el asunto porque en el 80 mandó un balón al palo de un cabezazo que habría derribado a un mulo. Marsella aún guardó alguna fuerza para hacer ver que podía pero no pudo.

El que sí que pudo fue el Atlético, para marcar el tercero. Gabi cruzaba el balón en una jugada coral para cerrar una nueva gesta colchonera. Qué final más propio, el gol del capitán, para recompensar el trabajo de todos estos años. La vieja guardia del Cholo para cerrar una final histórica. (Vía Mundodeportivo)

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