FC Barcelona se impuso 3-0 sobre Levante en el Camp Nou

No es fácil rendir en el trabajo, un día tras otro. Llueva o nieve, de tarde o de noche, te marquen uno o tres, siempre con los focos sobre la espalda. Messi festejó sus 400 funciones ligueras como es costumbre, brillando y marcando. 364 goles, casi una por partido, cargan de razones a sus defensores en la eterna comparación. Diego era Maradona algunos días. Leo es Messi en cada partido. Ayer volvió a serlo para festejarante un Levante mejor de lo que delata su posición en la tabla.

Las bajas que lastraban al Levante no se vieron de inicio. Dos córners en los dos primeros acercamientos, antes del minuto cinco, honraron la buena disposición del equipo de Muñiz, aunque se encogió pronto. Lerma vio la amarilla al trabar a Leo y el argentino decretó que no estaba para bromas. Recogió en el borde del área un centro de Sergi Roberto tras maniobra de mérito de Dembélé, se giró a la izquierda, dio con su socio habitual, Alba, y coronó de volea la dejada de cabeza del 18.

La rápida ventaja aceleró al Barça, fino por dentro y por fuera. Iniesta replegó hacia el interior para aclarar el carril a Alba, y Dembélé arrancó desde la derecha, taponando a Sergi Roberto. Las buenas manos de Oier, sangre azulgrana, a Suárez y Dembélé sostuvieron el resultado hasta la opción del empate, solo en la frontal, de Lerma. El colombiano midió tan mal el remate como las entradas, rozando la segunda amarilla hasta que Muñiz lo cambió.

No se puede negar que Dembélé pone voluntad, pero le cuesta desbordar por banda. Se puede permitir esperarle Valverde porque los mejores extremos están en los laterales. Sergi Roberto sirvió el segundo recibiendo un pase diagonal y devolviendo con un primer toque extraordinario a Suárez que, esta vez sí, colocó en la red. 2-0. Partido resuelto. Al menos, en apariencia.

Inmerso en una racha floja de resultados ligueros, el Levante aprovechó la visita al Camp Nou para reforzarse. No se rindió, defendió con orden y salió al ataque con velocidad y criterio, especialmente cada vez que la pelota cayó a pies de Ivi. El interior soltó un derechazo espléndido que convocó a Ter Stegen. El alemán respondió con una mano espléndida, pero no fue lo mejor de su repertorio. Como en el Bernabéu ante Cristiano, se hizo enorme cuando tuvo que tapar un remate a quemarropa de Jason. Una parada de balonmano con la pierna izquierda extendida, una barbaridad para mantener las distancias.

El tramo final recompensó a Iniesta con una enorme ovación del Camp Nou por su clase y su esfuerzo. No regatea un gramo de sudor. Y Valverde, que no descuida detalle, decretó el debut del héroe de la Copa, Jose Arnaiz. Con el empate de la ida es más que probable que no pueda alinearle ante el Celta. Quedaba al final la inevitable diana de Paulinho, en área chica, en otra actuación de juego escaso y gran productividad. Sirvió para abrochar un jugadón de Messi en la izquierda. Leo, principio y fin.

CORTESÍA : marca.com

Comentarios de Facebook
Compartir